lunes, 14 de agosto de 2017

El perdón, el olvido o la venganza

Entre el reinicio y el ciclo enfermizo.


Suena muy lindo. Vayamos a perdonar! ¿Perdonemos aunque el acto que daña se repita? ¿Perdonemos aunque no encontremos ninguna razón que explique o justifique el daño que nos hicieron? ¿Perdonar aunque con ello se entienda que puede volver a suceder?



Lo siento. No creo en el perdón incondicional. Aun cuando yo sea el que lo pide o el que lo recibe. A veces ni creo que vale la pena pedirlo, ni vale la pena recibirlo. A veces vale la pena simplemente ignorarlo.

No tengo una regla que aplique para todos los casos. Quizá solo una: "con la vara que mides, serás medido". Y me atengo a las consecuencias.





Quizá las excepciones que he experimentado, me hayan enseñado mas que las reglas que he aplicado.

He pedido perdón cuando he malinterpretado una acción y luego me doy cuenta de mi error.

He perdonado cuando entiendo que a alguien mas le pudo pasar que malinterpretara mis acciones o hubo una circunstancia en su vida que lo obligó a actuar así.

He preferido olvidar y dejar pasar, cuando la diferencia entre perdonar y ser perdonado, es casi nada, porque en realidad la persona ya me es indiferente, o la relación dejó de ser valiosa para mi o para ambos. Ni le aporto nada a su vida, ni me aporta nada y no veo que esto pueda cambiar.

He preferido olvidar y dejar atrás cuando perdonar o ser perdonado se ha vuelto un ciclo enfermizo y repetitivo, que solo promueve que todo siga igual...o peor.



No creo que el rencor ni la venganza valgan la pena, ante circunstancias normales y entre gente decente. El rencor y la venganza, particularmente la planeada, es desgastante. El rencor es un obstáculo para que podamos enfocarnos en lo mejor de la vida, los amigos y las relaciones que valen la pena.

Perdonar o ser perdonado, para mí, es un voto de confianza entre personas que anticipan una mejor relación. Si no hay de fondo ese voto de confianza, no vale la pena. 
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viernes, 11 de agosto de 2017

A jalar, que no hay de otra

Los caminos alternos 


Hijo, nieto y posiblemente tataranieto de militares, mi destino, de no ser por mi padre, era educarme para recibir y dar ordenes, con un grado militar de por medio.  Pero mi padre, un soldado raso que se negó a quedarse en el rango mas bajo, luchó por cada peldaño para convertirse en ingeniero naval y salir del destino obscuro que le esperaba.



Pese a las enormes dificultades y huérfano de un padre que no llegó a conocer, entró orgulloso a la naval para darse cuenta después, que lo suyo no era la obediencia ciega, sino la rebeldía. Pero una cosa es renegar de un camino y otra cosa es inventar uno nuevo. Luchó toda su vida por encontrar otros caminos, que nadie sabe si encontró.

El camino cierto que le quedaba al empezar, era perseverar y mantenerse en la raya. Ser diligente y asumir que si él había salvado el profundo hoyo de la miseria de ser un soldado raso en 1930, sus hijos podían también salvar la trinchera del escalón que el nos había dado. Su directriz no era ni la religión ni la política. Tampoco ayudaba a clarificar la meta, pero no era el dinero. Era algo más, pero no eso. Era un camino alterno, sin objetivo claro.

No fue fortuito que sus dos hijos crecieron con la creencia de que el camino hacia adelante pasaba por la educación la perseverancia y la diligencia. No había de otra. Cualquier otra cosa era una distracción.

La herencia militar de más de tres generaciones, se tradujo en una creencia en el esfuerzo y la perseverancia. Ese fue el credo y ese fue el musculo que desarrollamos con mayor dedicación los 2 hijos. Pero al mismo tiempo, con sus propios actos, dejó sembrado el camino de la rebeldía. 

Desenfocamos otros virtudes y fortalezas porque muchas de ellas eran un estorbo para seguir adelante. Así que no me sorprende encontrarme que mi mayor fortaleza es la Perseverancia y la Diligencia: habla, a través de mi, mi padre. Habla mi madre, que también creía en ese credo. Y también habla mi padre cuando en otros actos imprevistos, decidí que habían otras fortalezas y prioridades, y que una de ellas era transformarme para buscar caminos alternos a lo que me hacía feliz. 



Si no hubiese llegado a esa reflexión y las decisiones que siguieron, no estaría escribiendo esto. Mi padre rompió la tradición militar de nuestra familia, de más de un siglo. Pero no solo rompió ese esquema. Con sus actos, de resultados tristes algunos, también nos hizo ver que la vida tiene varios caminos alternos, pero todos tendemos a olvidar que la razón última es ser felices, amorosos, saludables y ... persistentes.



Para el Capitán Torres May



Demonios y soledades en el espejo

Mis Talones de Aquiles.


Cada uno vive con sus propias limitaciones, sus propios miedos y sus propias batallas perdidas. Yo no oculto las mías. Vivo consciente, no preocupado, de aquello que no tengo, de aquello que no quiero y de las debilidades de mi carácter. Así soy. Por más que quise ser mejor en mis deficiencias, perdí tiempo valioso que debí dedicarme en fortalecer los músculos que me hacen quien soy.



No hay remordimientos. No hay queja. En parte absorbí los miedos históricos de mi familia, no solo de mi madre o de mi padre, sino quizá de mis abuelos o tatarabuelos, huyendo del zar y del pasado. Cambiando de religiones según se requería, solo para salvar la vida.

 Al recorrer esas rutas, que yo no vi, fuimos haciéndonos y aquí estoy. Con mi mayor debilidad, que la conozco, y aun así no deja de asombrarme. Quizá, antes de decirte de que se trata, debo decirte que fui acolito acomedido de la parroquia de San Fernando (mayúsculas solo por costumbre) en Guaymas, Sonora, allá por 1963.

Como a los 11 años de edad, tuvimos que emigrar a la CDMX en búsqueda de mejor educación (eso dijo mi padre) y más opciones de vida futura (también lo dijo mi padre en un tiempo en que el tsunami del trafico de drogas ya se empezaba apenas a sentir).

Crecí rezando y viendo a mi madre rezar. Solo a mi madre y su familia. Mi padre se mantenía aparte pero no expresaba su opinión de ninguna religión. En el fondo yo sentía que a el no le importaba el asunto religioso. Y que él tenía la ventaja de parecer un ser sin rastro y sin historias

Y algo pasó. Al emigrar a CDMX y advertir que algo raro ocurría en mi propia familia, la religión se volvió un ritual vacío, incongruente e ineficaz. Realmente yo solo me tenía a mi, para enfrentar lo que venia.

Así que es casi obvio: mi debilidad de carácter mayor, que no la única, es que carezco de un Sentido de Espiritualidad, Fe y Sentido de Propósito, mas allá de mi existencia.

Yo mantengo la convicción que cuando esto se termina, se termina. Que somos polvo de estrellas y a la tierra regresamos. Que no somos especiales. Que no hay un Dios cuidándome, ni un ángel vigilando mis pasos. Que si Dios existe está mas preocupado por contener la expansión y contracción del universo, que va a suceder tarde o temprano.




Pero no me malentiendas. Admiro a los que creen otra cosa. Quizá quiera decir respeto. Pero es una forma de respeto mutuo que se traduciría en "tu-a-lo-tuyo-y-yo-a-lo-mio".

Ni modo. No tengo en mi carácter todo lo que me haría levitar y asegurarme un lugar en el cielo, o en el cosmos o en el Valhalla, o aspirar al Nirvana.

Soy un simple incrédulo que seguramente pasa desapercibido a la mano de dios.

Pero soy el mismo que sí reconoce en otros su energía, sus necesidades, sus gustos y sus propios temores. Mi dios no está en otro mundo. Y los demonios tampoco.
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jueves, 10 de agosto de 2017

Aquel que yo soy: mis fortalzas

Las fortalezas que cuido


No hace mucho que creía que uno debe esforzarse por superar sus debilidades de carácter. Pero he puesto demasiado esfuerzo en ello y mejor he cambiado la atención a mis fortalezas, las que por cierto se empeñan en darme las mayores satisfacciones resultado de mi esfuerzo.  

Averigüé quien tenía un esquema de medición de fortalezas que me pudiese indicar de forma rápida y certera por donde andaba lo mejor de mi. Y lo que obtuve me convenció y me dio cuenta de mis mejores momentos del pasado. Aquí les describo mis 7 fortalezas de un esquema de 24.
  1. Perseverancia y diligencia.
  2. Curiosidad e interés en el mundo que me rodea.
  3. Amor por aprender.
  4. Apreciación de la belleza
  5. Gratitud con los demás y la vida
  6. Creatividad y originalidad
  7. Honestidad y autenticidad

Tan me parece razonable el perfil resultante que me queda ahora mas claro en donde enfocar mayormente mis esfuerzo y mi búsqueda continua de ser un poco algo mejor.


Fluir y sentirse involucrado.

En muchas ocasiones uno intuye lo que va a disfrutar, aunque nunca lo haya hecho, o haya hecho solo una parte incipiente.

Desde hace un tiempo he estado leyendo con mas interés y dedicación sobre arte y arquitectura precolombinos. En especial de  teotihuacanos y mayas y de como los primeros influenciaron fuertemente a los segundos.

Casi sin quererlo fui dandome cuenta de varios componentes decorativos con los que mayas y teotihuacanos, embellecían su vida cotidiana.


Y me fue quedando claro que la combinación de triángulos y círculos era esencial para teotihuacanos.
Sin buscarlo mucho, me fui involucrando en hacer un mueble que utilizará elementos decorativos de Tetitla, barrio de los nobles de Teotihuacán.

Tan absorbente y disfrutable fue la tarea que me propuse, que me costaba trabajo detenerme a comer. Y cuando lo hacía era para mejorar el diseño, sin agregarle mas elementos que los básicos que haría un artesano teotihuacano -según yo.

Esta sensación de no quererse despegar de una actividad que uno disfruta, le llaman Fluir.
Simplemente el tiempo parece detenerse y la atención y sensibilidad de uno se enfoca en hacer justo lo que uno está disfrutando en ese momento.

Este fluir que disfruté tanto, como en otras ocasiones, es el resultado de combinar varias de mis fortalezas y olvidarme de mis muchas debilidades.
Son momentos que no se presentan de gratis, sino que son el resultado de ir  aprendiendo, como si me internara en un bosque que apenas conozco.

Esto, para mí, es un departir radical de los tiempos en que mi interés y mi esfuerzo eran dirigidos por el tamaño de mis contratos o las instrucciones del jefe en turno.

Fluir con mis nuevos proyectos, es parte de aquello que valoro más ahora y contribuye enormemente a mi calidad de vida.






viernes, 4 de agosto de 2017

Esperanza y Realidad

Rojo contra Tesón


Un mes cualquiera y todo parecía ir bien. El siguiente las cosas cambiaron y los números empezarón a ponerse rojo. Un mal mes.

Pero así siguieron los números, un mes tras otro. Y no mejoraba el negocio. Y se le veía inquietarse, pero mantenía la esperanza que la semana siguiente sería mejor ... y no lo era.


Su propia reflexión le indicaba que su producto era bueno y sus clientes fieles. Que este mes y el anterior habían sido malos por razones externas. Que había muchos despidos. Que no habían pagado en las fábricas. Que había sido un mes de muchos gastos para los padres de familia. E insistía: esto es pasajero, un mes tras otro. Y su confianza no cedía.

A diferencia de otros, creía firmemente en lo que hacía, confiaba en sus clientes aunque regresaban cada vez menos, atribuía la mayor parte del problema a causas externas y no sentía ni culpa, ni pena, ni ganas de echarse para atrás.

Pero la realidad implacable de los números le hizo ver que el fondo se agotaba. Que ya no solo eran números rojos de este negocio, sino que estos se tragaban a otros y la bolsa llegó a su fin.

Un día bajó las cortinas, limpió el lugar y dejó todo atrás para empezar de nuevo.

Ni una lágrima. Ni un arrepentimiento. Ni una culpa. Salió de todo esto con mas fuerza que la inicial. 

Le aprendí que la fuerza de un optimista es una energía irradiante y feliz. Sin ellos, nada se movería.

jueves, 3 de agosto de 2017

"Esto me pasa por bruta..."

Y nos sorprende las reacciones que vemos cuando a alguien se le cae un negocio, o una persona en la que se confiaba, traiciona, o algo en lo que se tenia mucha esperanza no sucede o alguien estrechamente cercano se nos va.



Más aun sorprende el que haya tendencia a atribuirlo a uno mismo: "soy un incapaz", "soy demasiado confiado y bruto", "no me respetan", "todos me ven la cara", "soy un incompetente", "soy insensible", etcétera. Cuando las cosas se ven así, pues es más difícil solucionarlas. Si el culpable de lo "malo" que pasa es uno mismo, la ruta para recuperarse de un tropezón es más difícil y tiende a convertirse en deprimente. De sopetón o a cuentagotas.Peor aún, cuando además asumimos que estás fallas de carácter, habilidad, capacidad o madurez, son intemporales y perdurables. Cuando empezamos con: "siempre me pasa esto por estúpida", ""soy confiada a lo tonto", "todos me ven la cara", entonces la solución se empieza a convertir en algo cada vez mas difícil.Todo esto agarra un tono mas severo, delicado y profundo, cuando la falla, problema o fracaso, es mucho mas cercano a nosotros como un divorcio, una muerte, una jubilación o un despido.Si creemos que tenemos que afrontar las dificultades en términos de nuestra culpa e incompetencia, y además creemos que esto nunca tendrá remedio, la profecía se cumple.Y no vemos salida.Lo que nos cuesta mucho trabajo entender y aprender con el tiempo, es que si no educamos nuestra forma de traducir los problemas en otras cosas diferentes a las descritas, entonces vamos debilitando nuestra capacidad de sobrevivencia, nuestra salud y nuestra felicidad.