martes, 11 de octubre de 2016

La desaparición de las culturas familiares

Una cultura es un conjunto de cosas, reglas, creencias y acuerdos que mantienen integrada a una nación, una organización o una familia. Y así como la cultura de una nación puede finalmente desaparecer a una nación, asimismo su propia cultura puede hacer que desaparezcan organizaciones y familias, dejando solo cascarones vacíos de lo que fue o grupos en desbandada de lo que pudo haber sido. 



La cultura de una familia puede tener una fuerte influencia religiosa o puede no tener bases en la religión. Cada familia, a su manera, busca instigar en sus miembros una manera de ser y de creer. Inculca aspiraciones. Valora y premia ciertas acciones congruentes con ciertos valores. Desarrolla ciertas virtudes. Al menos así pregonan los buenos modelos de familia. Aquí hablamos de buenos en el sentido de que ayudan a preservarse y crecer como familia, como grupo y posiblemente como nación.




Pero también es cierto que hay familias que instigan, enseñan y premian formas patológicas de ser, hacia adentro y luego hacia los demás, quizá sin proponerselo o quizá muy intencionalmente. Cuando la cultura de las familias patológicas empiezan a dominar una nación, es natural y valido decir que una cultura patológica esta en ciernes y en el proceso de devorar la cultura de las virtudes y los valores.

No hay escape. Al diluirse las bases de la cultura familiar que nos mantiene juntas, el mundo no se detiene. Otra cultura empieza a tomar su lugar y literalmente, a devorarla.

Ejemplos abundan. Pero dejaré esa mención para otra nota.

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