lunes, 17 de octubre de 2016

Las venas de la tristeza o de la transfusión de la infelicidad


Pocas cosas estremecen tanto que descubrir, bajo un silencio ignorado, una pareja cercana, cuya relación enfermiza y dañina, sigue repercutiendo en la infelicidad de los hijos que crían y educan, haciéndoles beber de una leche envenenada de tristeza, que subsiste generación tras generación.


Es impactante descubrir como el dolor y la infelicidad pueden diseminarse a lo largo de las lineas de descendencia familiar creando verdaderos troncales de familia que "heredan" a sus hijos costumbres, creencias y aspiraciones que solo les ayudan a ser infelices hacia si mismos y hacia los núcleos familiares que van formando.



Como en otras enfermedades, hay situaciones y contextos, que anticipan el desarrollo de la infelicidad como un germen que se transmite por  vías de comportamientos, creencias, insultos, vejaciones o aspiraciones de ocultamiento propio que muchas veces pasan desapercibidos por el resto de la familia. Así como el debilitamiento y el estres puede anticipar la llegada de varias enfermedades, así también hay condiciones que anticipan el surgimiento de las familias enfermizas del alma y familias reproductoras de la infelicidad.


Uno de esos avisos de la diseminación de la infelicidad es el colapso de la pareja que educa a los hijos. Divorciarse o enviudar no es el problema. Pero divorciarse o enviudar sin aprender a sobrellevar y sobreponerse, es un aviso de todo lo que puede colapsar a la vista de los hijos. Es enseñar que una batalla perdida, es la derrota total. Es lo opuesto de enseñar que una batalla perdida es una oportunidad de mejorar, aprender, asumir responsabilidades, sobreponerse y buscar otros horizontes

Ciertamente otro aviso anticipatorio de que la infelicidad se va a transmitir como un germen o un virus, es la violencia sutil o visible que empieza a transmitirse a los hijos, como una forma de sado-masoquismo, que engendra los peores contraejemplos de lo que la felicidad puede ser en el día a día. El monstruo en casa, se mete en los rincones mas profundos de la mente, haciendonos creer que la forma natural de convivir en pareja es sometiendo y ultrajando, o sometiendose y dejandose vejar.

Los pequeños actos cotidianos que transmiten las formas de vivir mas enfermizas, son a veces tan indetectabless como los virus, las bacterias, los germenes, los gestos y las frases.


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