lunes, 14 de agosto de 2017

El perdón, el olvido o la venganza

Entre el reinicio y el ciclo enfermizo.


Suena muy lindo. Vayamos a perdonar! ¿Perdonemos aunque el acto que daña se repita? ¿Perdonemos aunque no encontremos ninguna razón que explique o justifique el daño que nos hicieron? ¿Perdonar aunque con ello se entienda que puede volver a suceder?



Lo siento. No creo en el perdón incondicional. Aun cuando yo sea el que lo pide o el que lo recibe. A veces ni creo que vale la pena pedirlo, ni vale la pena recibirlo. A veces vale la pena simplemente ignorarlo.

No tengo una regla que aplique para todos los casos. Quizá solo una: "con la vara que mides, serás medido". Y me atengo a las consecuencias.





Quizá las excepciones que he experimentado, me hayan enseñado mas que las reglas que he aplicado.

He pedido perdón cuando he malinterpretado una acción y luego me doy cuenta de mi error.

He perdonado cuando entiendo que a alguien mas le pudo pasar que malinterpretara mis acciones o hubo una circunstancia en su vida que lo obligó a actuar así.

He preferido olvidar y dejar pasar, cuando la diferencia entre perdonar y ser perdonado, es casi nada, porque en realidad la persona ya me es indiferente, o la relación dejó de ser valiosa para mi o para ambos. Ni le aporto nada a su vida, ni me aporta nada y no veo que esto pueda cambiar.

He preferido olvidar y dejar atrás cuando perdonar o ser perdonado se ha vuelto un ciclo enfermizo y repetitivo, que solo promueve que todo siga igual...o peor.



No creo que el rencor ni la venganza valgan la pena, ante circunstancias normales y entre gente decente. El rencor y la venganza, particularmente la planeada, es desgastante. El rencor es un obstáculo para que podamos enfocarnos en lo mejor de la vida, los amigos y las relaciones que valen la pena.

Perdonar o ser perdonado, para mí, es un voto de confianza entre personas que anticipan una mejor relación. Si no hay de fondo ese voto de confianza, no vale la pena. 
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viernes, 11 de agosto de 2017

A jalar, que no hay de otra

Los caminos alternos 


Hijo, nieto y posiblemente tataranieto de militares, mi destino, de no ser por mi padre, era educarme para recibir y dar ordenes, con un grado militar de por medio.  Pero mi padre, un soldado raso que se negó a quedarse en el rango mas bajo, luchó por cada peldaño para convertirse en ingeniero naval y salir del destino obscuro que le esperaba.



Pese a las enormes dificultades y huérfano de un padre que no llegó a conocer, entró orgulloso a la naval para darse cuenta después, que lo suyo no era la obediencia ciega, sino la rebeldía. Pero una cosa es renegar de un camino y otra cosa es inventar uno nuevo. Luchó toda su vida por encontrar otros caminos, que nadie sabe si encontró.

El camino cierto que le quedaba al empezar, era perseverar y mantenerse en la raya. Ser diligente y asumir que si él había salvado el profundo hoyo de la miseria de ser un soldado raso en 1930, sus hijos podían también salvar la trinchera del escalón que el nos había dado. Su directriz no era ni la religión ni la política. Tampoco ayudaba a clarificar la meta, pero no era el dinero. Era algo más, pero no eso. Era un camino alterno, sin objetivo claro.

No fue fortuito que sus dos hijos crecieron con la creencia de que el camino hacia adelante pasaba por la educación la perseverancia y la diligencia. No había de otra. Cualquier otra cosa era una distracción.

La herencia militar de más de tres generaciones, se tradujo en una creencia en el esfuerzo y la perseverancia. Ese fue el credo y ese fue el musculo que desarrollamos con mayor dedicación los 2 hijos. Pero al mismo tiempo, con sus propios actos, dejó sembrado el camino de la rebeldía. 

Desenfocamos otros virtudes y fortalezas porque muchas de ellas eran un estorbo para seguir adelante. Así que no me sorprende encontrarme que mi mayor fortaleza es la Perseverancia y la Diligencia: habla, a través de mi, mi padre. Habla mi madre, que también creía en ese credo. Y también habla mi padre cuando en otros actos imprevistos, decidí que habían otras fortalezas y prioridades, y que una de ellas era transformarme para buscar caminos alternos a lo que me hacía feliz. 



Si no hubiese llegado a esa reflexión y las decisiones que siguieron, no estaría escribiendo esto. Mi padre rompió la tradición militar de nuestra familia, de más de un siglo. Pero no solo rompió ese esquema. Con sus actos, de resultados tristes algunos, también nos hizo ver que la vida tiene varios caminos alternos, pero todos tendemos a olvidar que la razón última es ser felices, amorosos, saludables y ... persistentes.



Para el Capitán Torres May



Demonios y soledades en el espejo

Mis Talones de Aquiles.


Cada uno vive con sus propias limitaciones, sus propios miedos y sus propias batallas perdidas. Yo no oculto las mías. Vivo consciente, no preocupado, de aquello que no tengo, de aquello que no quiero y de las debilidades de mi carácter. Así soy. Por más que quise ser mejor en mis deficiencias, perdí tiempo valioso que debí dedicarme en fortalecer los músculos que me hacen quien soy.



No hay remordimientos. No hay queja. En parte absorbí los miedos históricos de mi familia, no solo de mi madre o de mi padre, sino quizá de mis abuelos o tatarabuelos, huyendo del zar y del pasado. Cambiando de religiones según se requería, solo para salvar la vida.

 Al recorrer esas rutas, que yo no vi, fuimos haciéndonos y aquí estoy. Con mi mayor debilidad, que la conozco, y aun así no deja de asombrarme. Quizá, antes de decirte de que se trata, debo decirte que fui acolito acomedido de la parroquia de San Fernando (mayúsculas solo por costumbre) en Guaymas, Sonora, allá por 1963.

Como a los 11 años de edad, tuvimos que emigrar a la CDMX en búsqueda de mejor educación (eso dijo mi padre) y más opciones de vida futura (también lo dijo mi padre en un tiempo en que el tsunami del trafico de drogas ya se empezaba apenas a sentir).

Crecí rezando y viendo a mi madre rezar. Solo a mi madre y su familia. Mi padre se mantenía aparte pero no expresaba su opinión de ninguna religión. En el fondo yo sentía que a el no le importaba el asunto religioso. Y que él tenía la ventaja de parecer un ser sin rastro y sin historias

Y algo pasó. Al emigrar a CDMX y advertir que algo raro ocurría en mi propia familia, la religión se volvió un ritual vacío, incongruente e ineficaz. Realmente yo solo me tenía a mi, para enfrentar lo que venia.

Así que es casi obvio: mi debilidad de carácter mayor, que no la única, es que carezco de un Sentido de Espiritualidad, Fe y Sentido de Propósito, mas allá de mi existencia.

Yo mantengo la convicción que cuando esto se termina, se termina. Que somos polvo de estrellas y a la tierra regresamos. Que no somos especiales. Que no hay un Dios cuidándome, ni un ángel vigilando mis pasos. Que si Dios existe está mas preocupado por contener la expansión y contracción del universo, que va a suceder tarde o temprano.




Pero no me malentiendas. Admiro a los que creen otra cosa. Quizá quiera decir respeto. Pero es una forma de respeto mutuo que se traduciría en "tu-a-lo-tuyo-y-yo-a-lo-mio".

Ni modo. No tengo en mi carácter todo lo que me haría levitar y asegurarme un lugar en el cielo, o en el cosmos o en el Valhalla, o aspirar al Nirvana.

Soy un simple incrédulo que seguramente pasa desapercibido a la mano de dios.

Pero soy el mismo que sí reconoce en otros su energía, sus necesidades, sus gustos y sus propios temores. Mi dios no está en otro mundo. Y los demonios tampoco.
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jueves, 10 de agosto de 2017

Aquel que yo soy: mis fortalzas

Las fortalezas que cuido


No hace mucho que creía que uno debe esforzarse por superar sus debilidades de carácter. Pero he puesto demasiado esfuerzo en ello y mejor he cambiado la atención a mis fortalezas, las que por cierto se empeñan en darme las mayores satisfacciones resultado de mi esfuerzo.  

Averigüé quien tenía un esquema de medición de fortalezas que me pudiese indicar de forma rápida y certera por donde andaba lo mejor de mi. Y lo que obtuve me convenció y me dio cuenta de mis mejores momentos del pasado. Aquí les describo mis 7 fortalezas de un esquema de 24.
  1. Perseverancia y diligencia.
  2. Curiosidad e interés en el mundo que me rodea.
  3. Amor por aprender.
  4. Apreciación de la belleza
  5. Gratitud con los demás y la vida
  6. Creatividad y originalidad
  7. Honestidad y autenticidad

Tan me parece razonable el perfil resultante que me queda ahora mas claro en donde enfocar mayormente mis esfuerzo y mi búsqueda continua de ser un poco algo mejor.


Fluir y sentirse involucrado.

En muchas ocasiones uno intuye lo que va a disfrutar, aunque nunca lo haya hecho, o haya hecho solo una parte incipiente.

Desde hace un tiempo he estado leyendo con mas interés y dedicación sobre arte y arquitectura precolombinos. En especial de  teotihuacanos y mayas y de como los primeros influenciaron fuertemente a los segundos.

Casi sin quererlo fui dandome cuenta de varios componentes decorativos con los que mayas y teotihuacanos, embellecían su vida cotidiana.


Y me fue quedando claro que la combinación de triángulos y círculos era esencial para teotihuacanos.
Sin buscarlo mucho, me fui involucrando en hacer un mueble que utilizará elementos decorativos de Tetitla, barrio de los nobles de Teotihuacán.

Tan absorbente y disfrutable fue la tarea que me propuse, que me costaba trabajo detenerme a comer. Y cuando lo hacía era para mejorar el diseño, sin agregarle mas elementos que los básicos que haría un artesano teotihuacano -según yo.

Esta sensación de no quererse despegar de una actividad que uno disfruta, le llaman Fluir.
Simplemente el tiempo parece detenerse y la atención y sensibilidad de uno se enfoca en hacer justo lo que uno está disfrutando en ese momento.

Este fluir que disfruté tanto, como en otras ocasiones, es el resultado de combinar varias de mis fortalezas y olvidarme de mis muchas debilidades.
Son momentos que no se presentan de gratis, sino que son el resultado de ir  aprendiendo, como si me internara en un bosque que apenas conozco.

Esto, para mí, es un departir radical de los tiempos en que mi interés y mi esfuerzo eran dirigidos por el tamaño de mis contratos o las instrucciones del jefe en turno.

Fluir con mis nuevos proyectos, es parte de aquello que valoro más ahora y contribuye enormemente a mi calidad de vida.






viernes, 4 de agosto de 2017

Esperanza y Realidad

Rojo contra Tesón


Un mes cualquiera y todo parecía ir bien. El siguiente las cosas cambiaron y los números empezarón a ponerse rojo. Un mal mes.

Pero así siguieron los números, un mes tras otro. Y no mejoraba el negocio. Y se le veía inquietarse, pero mantenía la esperanza que la semana siguiente sería mejor ... y no lo era.


Su propia reflexión le indicaba que su producto era bueno y sus clientes fieles. Que este mes y el anterior habían sido malos por razones externas. Que había muchos despidos. Que no habían pagado en las fábricas. Que había sido un mes de muchos gastos para los padres de familia. E insistía: esto es pasajero, un mes tras otro. Y su confianza no cedía.

A diferencia de otros, creía firmemente en lo que hacía, confiaba en sus clientes aunque regresaban cada vez menos, atribuía la mayor parte del problema a causas externas y no sentía ni culpa, ni pena, ni ganas de echarse para atrás.

Pero la realidad implacable de los números le hizo ver que el fondo se agotaba. Que ya no solo eran números rojos de este negocio, sino que estos se tragaban a otros y la bolsa llegó a su fin.

Un día bajó las cortinas, limpió el lugar y dejó todo atrás para empezar de nuevo.

Ni una lágrima. Ni un arrepentimiento. Ni una culpa. Salió de todo esto con mas fuerza que la inicial. 

Le aprendí que la fuerza de un optimista es una energía irradiante y feliz. Sin ellos, nada se movería.

jueves, 3 de agosto de 2017

"Esto me pasa por bruta..."

Y nos sorprende las reacciones que vemos cuando a alguien se le cae un negocio, o una persona en la que se confiaba, traiciona, o algo en lo que se tenia mucha esperanza no sucede o alguien estrechamente cercano se nos va.



Más aun sorprende el que haya tendencia a atribuirlo a uno mismo: "soy un incapaz", "soy demasiado confiado y bruto", "no me respetan", "todos me ven la cara", "soy un incompetente", "soy insensible", etcétera. Cuando las cosas se ven así, pues es más difícil solucionarlas. Si el culpable de lo "malo" que pasa es uno mismo, la ruta para recuperarse de un tropezón es más difícil y tiende a convertirse en deprimente. De sopetón o a cuentagotas.Peor aún, cuando además asumimos que estás fallas de carácter, habilidad, capacidad o madurez, son intemporales y perdurables. Cuando empezamos con: "siempre me pasa esto por estúpida", ""soy confiada a lo tonto", "todos me ven la cara", entonces la solución se empieza a convertir en algo cada vez mas difícil.Todo esto agarra un tono mas severo, delicado y profundo, cuando la falla, problema o fracaso, es mucho mas cercano a nosotros como un divorcio, una muerte, una jubilación o un despido.Si creemos que tenemos que afrontar las dificultades en términos de nuestra culpa e incompetencia, y además creemos que esto nunca tendrá remedio, la profecía se cumple.Y no vemos salida.Lo que nos cuesta mucho trabajo entender y aprender con el tiempo, es que si no educamos nuestra forma de traducir los problemas en otras cosas diferentes a las descritas, entonces vamos debilitando nuestra capacidad de sobrevivencia, nuestra salud y nuestra felicidad.

miércoles, 28 de junio de 2017

Optimismo y salud después de los 50: las pruebas hablan

De la revista Scientific American, de Septiembre del 2015: "El optimismo en los adultos mayores, si genera un mejor estado general de salud"


"El optimismo en las personas mayores predice menos enfermedades crónicas y una mejor salud general. Una nueva investigación sugiere que el nivel natural de optimismo de las personas tiende a alcanzar su máximo alrededor de los 68 años." 
Por Melanie Tannenbaum. 29/09/2015

¿Tener una perspectiva positiva y optimista sobre la vida realmente puede hacerte físicamente más saludable? Para responder a esta pregunta, se realizó una encuesta nacionalmente representativa que ha estado recopilando datos de miles de estadounidenses mayores de 50 años de edad desde 1992. 




Los investigadores querían saber si los mayores niveles de optimismo podrían proteger a los adultos mayores de los efectos de envejecimiento en la salud mental y física, y si los cambios en el optimismo (en un período de tiempo relativamente corto) daban como resultado cambios positivos en la salud...

Los datos recabados indicaron que, a medida que las personas crecen, se vuelven más optimistas ... hasta que alcanzan los 68 (!). De los 50 a 68 años de edad, los niveles de optimismo promedio siguen aumentando más y más con la edad. Sin embargo, ese patrón cambia en alguna parte alrededor de los 68 años, momento en el que la curva de optimismo de la edad vuelve a caer y los niveles de optimismo promedio empiezan a caer a medida que las personas crecen.

¿Por qué pasó esto? Hay una serie de explicaciones plausibles, pero una posibilidad convincente tiene que ver con la teoría de la autodeterminación, que sugiere que las personas derivan su sentido general de bienestar en la vida de satisfacer tres necesidades básicas: 

  1. Sentirse competente y capaz, 
  2. Sentirse autonomos y 
  3. Sentirse relacionados.


... sin embargo, a medida que las personas se adentran en la edad adulta más avanzada, las tres necesidades básicas empiezan a recibir golpes y decepciones en lugar de apoyos y reconocimientos. Los amigos y los miembros de la familia fallecen, la gente se aleja o se jubila y la gente se le hace mas difícil sentirse capaz, fuerte o autosuficiente...

El optimismo conduce a una mejor salud.
Bueno, los optimistas son ... bastante más saludables que los pesimistas. En términos conductuales, los optimistas son menos propensos a fumar, más activos físicamente y más propensos a comer frutas, verduras y granos enteros, y puede estar relacionado también con la educación y la salud preexistente. Los optimistas también tienen un menor riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular, requieren menos días de enfermedad para recuperarse de una enfermedad o lesión estresante ...
Los adultos mayores optimistas tienden a ser más sanos - parcialmente debido a las mejores opciones dietéticas (que buscan).
¿Por qué el optimismo es tan bueno para la salud? ... hay muchas explicaciones convincentes posibles para esta correlación ... pero una razón potencial grande es que el optimismo promueve el uso de estrategias adaptativas  cuando se enfrentan a problemas y adversidades. Los optimistas, que por definición se sienten más seguros de que las cosas en sus vidas resultarán bien, probablemente verán el valor en (a) poner tiempo y esfuerzo en la elaboración de estrategias de un plan de acción para abordar los problemas de frente, (b) Preguntando a otros que han estado en situaciones similares por consejo, y (c) buscando oportunidades para usar dificultades o obstáculos como oportunidades para aprender algo nuevo y crecer. 
A diferencia de los pesimistas, los optimistas son menos propensos a responder a las dificultades o obstáculos por vivir en las emociones negativas o el uso de estrategias de separación para evitar problemas (por ejemplo, ver televisión, soñar despierto, beber o tomar drogas).
Si usted piensa que todo (o la mayoría de las cosas) en su vida funcionan bien, no hay razón para no tratar de usar estrategias de adaptación para solucionar cualquier problema o dificultad que pueda encontrar. En la práctica, esto significaría que alguien frente a la perspectiva de una salud deteriorada relacionada con la edad, por ejemplo, enfrentaría activamente este obstáculo al ejercitar más, comer mejor, forjar nuevas conexiones sociales y / o programar visitas regulares con un médico para Crear pues una estrategia para un envejecimiento saludable. No es ninguna sorpresa que las personas que buscan activamente estas estrategias proactivas, acabarán siendo más sanas que sus contrapartes pesimistas, que son más propensas a responder a las mismas preocupaciones bebiendo más, viendo más TV, aislarse de otros, sentirse desesperada o hablando de sus emociones negativas sobre el envejecimiento.

La buena noticia es que usted no necesita nacer natural optimista para cosechar los beneficios de esta investigación. Sí, el optimismo es algo hereditario (alrededor del 25% de la variación natural en el optimismo se debe a los genes), pero el otro 75% se reduce a las influencias sociales de las personas, las experiencias personales y las opciones activas para ser más optimista. Si no ha sido una persona optimista hasta el momento, no es demasiado tarde para convertirse en uno y beneficiarse; No sólo el optimismo predice una mejor salud, sino que los aumentos en el optimismo también predicen mejoras en la salud. 
Al mirar las respuestas de la encuesta dadas durante los dos puntos de tiempo diferentes separados por cuatro años, las personas mayores que se volvieron más optimistas con el tiempo también reportaron una salud significativamente mejor en la segunda medición que en la primera. Créalo o no, entrenarse a ser más optimista en la vida cotidiana puede acabar teniendo un gran efecto en su propia salud física y mental.
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Tomado, traducido y resumido de:
El optimismo es bueno para la salud..

lunes, 5 de junio de 2017

El secreto de la longevidad feliz: el optimismo

Aprendiendo a ser optimistas


  Uno sabe cuando los encuentra. Son los que 
saben ver el vaso medio lleno cuando los demás ven el agua agotándose. Son aquellos a los que hay que convencer de que las cosas no pintan bien. Son los que se despiertan con ganas de hacer lo que han decidido que toca hacerse. Son los optimistas.




  El optimismo es uno de los caminos que lleva a la sensación de felicidad y una demostrada estrategia contra varias de las llamadas malestares y enfermedades mentales simples y complejas.


Habemos muchos que no somos optimistas consumados, pero que cada día nos proponemos un ejercicio que fortalezca ese músculo cotidiano que se manifiesta como optimismo. 

Pero fuera de lo anecdótico, varios esfuerzos se han hecho y se han demostrado sobre el cómo desarrollar en los niños y los adultos una visión optimista de corto y largo plazo.




Una de las técnicas más difundidas es la llamada Mi Mejor Posible Futuro. Es una actividad tan simple que cuando se realiza de manera cotidiana unos 15 minutos diarios, impresiona la claridad y el optimismo que nos puede inyectar.  

El procedimiento es muy simple: escribe en una libreta simplemente como esperas verte en 1, 3, 5 o 15 años con descripciones cada vez más precisas. Escribe como te lo vayan dictando tus expectativas. 



Luego podrás ir clasificando lo que escribes y podrás incluso ir vinculando cada uno de las áreas o actividades sobre las que tienes expectativas.   Pero hazlo de manera consistente y repetida. Al final de cada semana ordena lo que has puesto y refina las acciones que te pueden llevar a ese futuro esperado. 

Recuerda que todos los rubros de tu vida son importantes y relevantes: tu profesión, tu reputación, tu familia, tu pareja, tu salud, tu ingreso, etc.  


En los siguientes posteos iremos revisando lo que se ha podido conseguir con esta simple técnica que ha servido para personas de todas las edades en los más diversos ambientes: escuelas, negocios, hospitales, etc.


Este adendum te sirve para hacer el ejercicio:

El optimismo es una herramienta poderosa para aumentar la felicidad y la satisfacción con la vida, ya que aumenta los sentimientos positivos acerca del futuro, aumenta la auto eficaciay da lugar a profecías auto cumplidas. El objetivo de este ejercicio es que experimentes el poder del pensamiento optimista.

Intro 
Investigaciones anteriores han demostrado de manera convincente que la escritura expresiva acerca de uno mismo y de los sentimientos de uno tiene numerosos beneficios para la salud, el ajuste emocional y bienestarEn este ejercicio, se podrá visualizar y escribir acerca de tus yos posibles. Escribir sobre uno de nuestras posibles identidades, puede mejorar la autor regulación, ya que proporciona la oportunidad de aprender acerca de uno mismopermite conocer mejor y re-estructurar las prioridades propias, y permite comprender mejor los motivos de uno y nuestras reacciones emocionalesPor lo tanto, este ejercicio puede servir para integrar las experiencias de vida en un marco significativo y permitirá obtener una sensación de (auto) control.
 


Instrucción: 
Escribe durante 15 a 20 minutos cada vez sobre las distintas experiencias y temas. Aquí están sus instrucciones específicas:

"Piensa en tu vida en el futuro: 1, 2, 3, 5 o 15 años. Imagina que todo te ha ido tan bien como fuera posible. Has trabajado duro y has tenido éxito en el cumplimiento de todos tus objetivos de vida. Piensa en esto como la realización de todos sus sueños de la vidaAhora, escribe acerca de lo que imaginas, detalladamente ".

Realiza esto durante 20 minutos por día durante tres semanas seguidos.

domingo, 28 de mayo de 2017

La adultez mayor de una gallina.

Un nuevo rol en la parvada: preservar.


A los dos años de edad, se cuenta que una gallina estándar deja de producir huevos o lo hace muy esporádicamente. ¿Pero que hace ella cuando tiene la oportunidad de vivir unos años más? 


Mientras su gallo no cambia su actitud de ser su defensor inseparable, mientras el gallo sigue anunciando las mañanas aunque su voz palidezca, mientras el gallo sigue siendo el primero en salir de su refugio, la gallina tiene que replantearse su futuro cuando llega su adultez mayor.



El futuro de una gallina en la sociedad de los refugios, es diferente al de una gallina libre en un campo sin fronteras.


La gallina de los refugios rara vez ve a sus nietos y muchas veces no ve de nuevo a sus críos. Su redefinición, si ya no es una gallina ponedora, es difícil.


Al primer rol al que acuden algunas, es el de refugiarse en si mismas y dejarse morir de soledad y de extrañeza, con ellas mismas. Ya no tienen que pelear su lugar en la caja ponedora. Tampoco tienen que pelear las preferencias del gallo, que las sigue hasta su último día. La visión de ellas es que su misión en la vida ha terminado.


Otras gallinas adoptan una actitud observante de las otras gallinas: las mas jóvenes, Las que disputan su lugar en la caja ponedora. Las que buscan los favores del gallo. Poco a poco advierten que para ellas hay un rol relevante y profundo.


Entonces empiezan a dar cuenta de su rol de educadoras. Enseñar a los pequeños la diferencia entre una piedra y un grano de maíz roto. Enseñan a no abusar de la luz y a buscar refugio. Enseñan que hay un tiempo para despertar y buscar y otro tiempo del día para buscar refugio y compañía.


Estas gallinas adultas mayores, se definen de nuevo. Cuando se abre la puerta de su refugio tienen una misión que va mas allá de si mismas. Una misión que perdura más alla de su último día.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Godfrey Minot: sobre la búsqueda incansable del amor y los resultados del encuentro

El nombre de Godfrey puede no decirte nada hasta que conoces su historia.

Godfrey participó en un estudio de adolescentes (estudio Grant), que empezó allá por el año de 1938. Godfrey, desde  su adolescencia, fue caracterizado como un personaje infeliz, hipocondriaco, y con una falta total de apego a sus padres y hermana, por quienes indicaba no tener un particular afecto. Estos sentimientos los confirmó a los 46 años de edad.



Aunque Godfrey nació en una familia acomodada, no parecía haber afecto en la familia. Desde la universidad el fue un asiduo paciente externo de los servicios médicos a los que acudía con "enfermedades" aparentes, producto de su incapacidad para distinguir entre sus malestares emocionales y sus malestares físicos, según él mismo lo confesó decenas de años después. Los servicios médicos de la universidad a la que asistía, lo calificaron desde entonces como un psiconeurótico, con mucha dificultad para establecer relaciones con la gente a su alrededor.

Poco después de regresar de la segunda guerra mundial y después de graduarse de la universidad como médico, Godfrey intento suicidarse a los 32 años. Desde ese tiempo se le consideraba incompetente para funcionar como médico debido a su falta de conexión con la gente. En este tiempo, decidió incorporarse a una terapia psicológica, para ahondar en su hipocondría y sus dificultades para entablar relaciones significativas con la gente.

Mas o menos en ese tiempo, reportó a los investigadores del estudio, que le daban seguimiento a su vida y a la de otras personas, que su hermana había muerto y que lo anotarán en su biografía. Su carencia de sentimientos hacia sus padres y hermanos era evidente. Pero el mismo se dio cuenta que su autocastigo por sentimientos agresivos (que los manifestaba como hipocondria) lo empezaba ahora a canalizar a sentimientos al menos neutrales y menos de lastimarse a si mismo. En este tiempo la gente empezó a percibir un cambio en él por ligero que fuese.

Como a los 35 años de edad, Godfrey cayó enfermo de un tipo severo de tuberculosis y fue internado y puesto en cuarentena por mas de 1 año.

Ese tiempo en el hospital lo llevó a reflexionar sobre su vida y lo que estaba haciendo con el.

Al salir del hospital Godfrey era un hombre que se había cambiado y quería cambiar. Empezó a construir una familia, en la cual educó a 2 hijos. Los cuales a lo largo de los años describían a Godfrey como un padre ejemplar, cariñoso, dadivoso y entregado a su familia.

Cuando los hijos se volvieron independientes Godfrey ya era un doctor conocido en su comunidad, especialista en alergias y asmas.

Se convirtió en un promotor de actividades formativas y atléticas. En una de esas actividades, a la edad de 85 años Godfrey escalaba los Alpes suizos y sufrió un ataque al corazón fulminante.

A su sepelio asistieron mas de 300 personas de su comunidad, incluyendo gente de su iglesia, deportistas, médicos y pacientes. Y por supuesto sus hijos.

Godfrey Minor Camille, es un caso que revela, aun con la poca probabilidad de su caso, que las revelaciones personales, producto de la reflexión y la introspección que nos lleva a preguntarnos quienes somos y que buscamos, pueden ser momentos cruciales de la historia de cada uno.

Godfrey floreció en la segunda mitad de su vida, no solo convirtiéndose en un hombre feliz, sino además siendo amado y apreciado por cientos de personas a las que tocó con su vida.

Aleluya Godfrey.

jueves, 18 de mayo de 2017

Los Años Amargos (parte 3 de 3): la amargura puede empezar desde el útero

Otro "Yo"


Ojala lo dulce y lo amargo de lo vida fuesen tan distinguibles y contrastante como el blanco versus el negro. En todos persiste y convive un lado obscuro que lucha tanto como el lado luminoso por imponerse. El tema de esta dualidad es tan universal como histórico y remoto. Somos cada vez mas dentro de uno mismo, porque el mundo se ha vuelto mas complejo y ahora hay mas mundos que antes. Ya nuestros mundos internos no solo reflejan las variedades familiares, sino incluso las variedades psicológicas y sociales que encontramos en los medios y las redes.






En el fondo de todos nosotros,  hay un impulso y a veces un dialogo. Si el impulso persiste, sin dialogo, hay un ganador. Con justa razón etiquetamos a las personas así, como impulsivas. Cuando el dialogo antecede o acompaña al impulso, a la conducta repentina, hay esperanza de cambio: para bien o para mal. No es un asunto ético. Es un asunto de aquello que hemos o no desarrollado para regir nuestra conducta. Quizá sea el resultado de si supimos aprender a ver y a imitar diálogos constructivos entre padres y hermanos y de ellos con nosotros. Si nunca vimos ese dialogo proceder, es difícil, no imposible, que podamos imitar "adentro" de nosotros, un dialogo constructivo. Pero pudiésemos aprenderlo por otros medios. Quizá lo desarrollames como resultado de la autocritica y la observación de otros que lo hacen con una maestría y facilidad envidiable.


Al que llamamos amargoso, su actuar se ha desarrollado por alguna razón. Puede que tenga un dialogo interno, pero en lo que difiere es que su dialogo parte de supuestos diferentes. Quizás sea ganar, impedir u obstaculizar. Quizá su tópico es el dominio. Quizás es su única manera de entender el mundo y cree que su enfoque, es lo único que da resultado. Tristemente, pero real, quizá sea el resultado de una estancia estresante desde el utero. Es real. Entre mas temprano surge la necesidad de defenderse y confrontarse contra las personas, más difícil se vuelve reencontrarse con otros de manera feliz y armoniosa. No es exagerado y las pruebas abundan ya: ser feliz empieza desde nuestra estancia en el útero.

Desarrollarnos como buenos observadores del potencial de amargura de los demás, nos puede hacer unos potentes y peligrosos manipuladores. Pero también nos ayuda a ser precavidos y selectivos.


Casi en el otro extremo (no quiero implicar que esto sea un asunto de solo dos polos o maneras de ser) están aquellos que aun presentándose el impulso a actuar, en cualquier dirección, pueden plantearse una de las preguntas más difíciles de todas en nuestro desarrollo personal: ¿Es esta la única opción que tengo de sentir y reaccionar? Qué tal si en vez de lo que voy a hacer, porque creo, percibo o siento esto o aquello, me pregunto: ¿y si lo percibo de otra manera? ¿Qué tal si lo que estoy percibiendo como una amenaza es realmente una posibilidad de  beneficio mutuo a futuro? ¿Qué tal si al percibirlo de manera diferente, se abren mas opciones en vez del callejón de una sola ruta que veo ahora?


Uno de los grandes retos de la madurez es saber escuchar y desarrollar esas otras voces, que se convierten en propias con el tiempo, que nos permitan cada día indagar si lo que percibimos y lo que creemos, tiene otras perspectivas. El "viejo amargo"  viene acompañado en su interior de una conversación interna destructiva, que produce tanto daño como una conversación hiriente viniendo de los labios de otro, afuera. 


 Las personas amargas ven al mundo queriendo dañarlos o haciéndoles daño. Todos hemos pasado por crisis de percepción como esas. Las personas en proceso de maduración saludable saben cuestionarse e incluso retarse para encontrar nuevas e inexperimentadas formas de ser felices y de encontrarse con los demás. No siempre el dialogo y el encuentro con otros y con nosotros mismos, son tersos, porque son muchos los diálogos que uno tiene que mediar.


Aunque el mundo no sea blanco y negro, sino lleno de colores y matices, a veces queremos forzarlo a convertirse en blanco y negro, porque se hace más fácil entenderlo y tomar posiciones. La tentación es creer que uno siempre está del lado blanco y luminoso. Afortunadamente, en cada uno hay una opción de ver el arco iris si nos educamos a verlo. Pero es una capacidad del ojo interno que uno tiene que educar, como se enseña uno a apreciar lo mejor de otros y de si mismo. Como aprende uno a apreciar, poco a poco y con empeño, aquellas que se convierten en nuestras obras de arte favoritas.

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Los Años Amargos (parte 2 de 3)

El consejero obscuro...


Distinguir en otros el como crecen y maduran felizmente, es enriquecedor. No solo es importante el Conócete A Ti Mismo . También es importante el Conoce a los Cercanos a Ti.

No es algo obvio y requiere ir sabiendo observar lo mejor de otros. Algo de ellos que podemos ser nosotros o algo de ellos que podemos aprender a disfrutar sin imitarlos. Pueden ser simplemente gestos de humildad, un amor comprometido con animales y los mas necesitados. O puede ser esa asombrosa capacidad de saber apreciar los pequeños hermosos detalles de la vida. Hay tanto que aprender de otras buenas personas, que a veces olvidamos a aquellos que hacen la vida mas dulce, mas disfrutable, mas entregada y mas comprometida. Esos que nos rodean con esas cualidades, no los debemos dejar ir de nuestras vidas.

En el otro extremos, hay aquellos que traen un aura negra. Algo que sabemos intuitivamente que nada aportan o que extraen lo mejor de la vida con su presencia o con sus actos. Aprendiendo a observar lo mejor de nosotros y de otros, también empieza a destacar, por contraposición lo negativo de algunos seres que nos rodean.


Usamos mascarillas para protegernos del polvo o de la gripe. Evitamos los lugares sucios para evitar contaminarnos. Quizá deberíamos hacer lo mismo con aquellos que sacan lo peor de nosotros. Mas aun, quizá no valga la pena acercarnos demasiado a aquellos que no sacan lo mejor de nosotros.


Uno va creando su mundo interno vía la reflexión y las conversaciones con uno mismo y con otros. Pero también uno crea su propia felicidad gracias al entorno psicológico que uno va creando con su entorno social.


No hay nada reprochable con excluir de nuestras vidas a aquellos que no aportan o envenenan lo que aportan.

Los Años Amargos (parte 1 de 3)

Ser felices es una búsqueda, adentro y afuera... pero hay obstáculos.



Muchos creemos que a medida que pasan los años uno va queriendo esforzarse por sacar lo mejor de uno mismo. A veces es el resultado de una reflexión cotidiana. En ocasiones producto de un aislamiento inesperado en casa o en hospitales. Otras veces es una confrontación con uno mismo, buscando ese otro mejor yo, que se esconde dentro de cada uno de nosotros.





Otras veces, buscamos ese otro mejor yo en otros, cuyas cualidades apreciamos como un diamante que quisiéramos incorporar a una parte de nosotros. Esa es una forma de buscar un mejor yo en los otros. Esta es una búsqueda con consecuencias diferentes. Nos va llevando de la mano la idea y el bienestar de ser mejores, apreciando cada rasgo o cualidad que queremos incorporar a nosotros, contemplando y vinculando eso con nosotros. 
A veces sin saberlo, solo por hacerlo, nos convertimos a su vez en un objeto involuntario de la observación de otros. Puede ser algo admirable en nosotros que nos pasa desapercibido. Vamos creando con esto una simbiosis de aspiraciones. Un circulo de crecer juntos.

Hay otras maneras en que uno va incorporando otros mecanismos de madurar como persona feliz y en crecimiento. El aspecto común de todo esto, es la aspiración de ser feliz y ser mejor.
Desafortunadamente también hay mecanismos patológicos de envejecimiento, que no maduración, que no tienen como aspiración ser mejores ni ser felices. El envejecimiento como mecanismo patológico, se caracteriza no por la aspiración de ser mejores y felices. Ni se caracteriza por la aspiración de adentrarse en uno mismo o los demás para encontrar ese mejor yo, que puede haber en uno.
Los años amargos es la mejor manera de describir esas personalidades patológicas que, al no poder encontrar un mejor yo en ellas mismas, buscan precisamente lo opuesto: buscan sacar en los demás las emociones y pensamientos que les impidan crecer. Buscan no que se genere una auto reflexión, sino al contrario: buscan que la gente tenga miedo de sí misma o de los demás. Buscan que los demás no actúen por convicción, sino por miedo. Buscan que los demás se sometan, no que actúen por convicción o para encontrar su camino a ser mejores.
Su lógica emocional es tan simple como devastadora: si mi prioridad no es la mejora de mi misma ¿Por qué habría de ser una prioridad de los demás?
Quien pasa por los años como un proceso de creciente amargura, no percibe al mundo igual. Destruir lo que otros construyen se vuelve parte de su forma de ser y se convierte en su mecanismo patológico de ser (in)feliz.
Quien pasa por la vida acumulando sus años como frutos amargos, usa el miedo de los demás, usa el control, usa el chisme, usa la intimidación, usa la censura, usa la intriga y usa a aquellos cercanos a ella misma para volver a todos parte de un nido de amargura que se percibe a si mismo como superior en propósito y alcurnia, porque su proceso de descomposición ya no puede detenerse, en muchos casos, hasta su sepelio.
Los años amargos es una enfermedad del espíritu de la que todos deberíamos estar conscientes, porque ataca en nuestra sociedad como un virus o una plaga, que nos va intimidando y a veces distrayendo de la aspiración de ser mejores, longevos y felices.


(fin de parte 1)

viernes, 5 de mayo de 2017

Amargados, quejosos, preocupones, enojones, causticos... ¿Es un destino inevitable para muchos?

Lo menos que puede une desear en la madurez, además de la salud y la seguridad social básica, es la sensación de felicidad y calma sosiega que permita ver el mundo en perspectiva. Que permita a uno querer y ser querido.



Por razones diversas que se presentan desde que estamos en el vientre, o en la niñez o la adolescencia, hay experiencias sutiles o dramáticas que pueden cambiarnos y marcarnos, casi sin darnos cuenta y encauzarnos hacia un modo de ser y de sentir, que puede irse convirtiendo en un malestar propio y que luego irradia a los ajenos.

A veces oímos las etiquetas para unos u otros: amargosos, quejosos, preocupones, enojones, cáusticos.  Es fácil escapar de ellas cuando las vemos como juicios externos que pueden ignorarse. Pero tan pronto las oímos de bocas cercanas a nuestro entorno, se vuelven más reales y dolorosas.

Si esto fuera una cosa de solo tú o yo, quizá sería menos preocupante. Pero no lo es. Somos sociedades en las que muchos vivimos aparentemente cada vez mejor en términos de ingreso, pero hay un número creciente de gente sintiéndose infeliz o amargoso o quejoso o preocupón.

¿Cómo romper esas rachas que pueden volverse parte de nosotros? ¿Cómo hacer que ese sentimiento que irradiamos en otros y resentimos en nosotros, de cauce a una sensación más profunda y estable de felicidad y sosiego?

No hay pasos estándares. Pero si hay un paso inicial necesario: obsérvate a ti mismo. Identifica tus momentos críticos y asume de principio la responsabilidad en ti mismo. 


Lo que puede seguir, lo platicamos despúes.