viernes, 11 de agosto de 2017

A jalar, que no hay de otra

Los caminos alternos 


Hijo, nieto y posiblemente tataranieto de militares, mi destino, de no ser por mi padre, era educarme para recibir y dar ordenes, con un grado militar de por medio.  Pero mi padre, un soldado raso que se negó a quedarse en el rango mas bajo, luchó por cada peldaño para convertirse en ingeniero naval y salir del destino obscuro que le esperaba.



Pese a las enormes dificultades y huérfano de un padre que no llegó a conocer, entró orgulloso a la naval para darse cuenta después, que lo suyo no era la obediencia ciega, sino la rebeldía. Pero una cosa es renegar de un camino y otra cosa es inventar uno nuevo. Luchó toda su vida por encontrar otros caminos, que nadie sabe si encontró.

El camino cierto que le quedaba al empezar, era perseverar y mantenerse en la raya. Ser diligente y asumir que si él había salvado el profundo hoyo de la miseria de ser un soldado raso en 1930, sus hijos podían también salvar la trinchera del escalón que el nos había dado. Su directriz no era ni la religión ni la política. Tampoco ayudaba a clarificar la meta, pero no era el dinero. Era algo más, pero no eso. Era un camino alterno, sin objetivo claro.

No fue fortuito que sus dos hijos crecieron con la creencia de que el camino hacia adelante pasaba por la educación la perseverancia y la diligencia. No había de otra. Cualquier otra cosa era una distracción.

La herencia militar de más de tres generaciones, se tradujo en una creencia en el esfuerzo y la perseverancia. Ese fue el credo y ese fue el musculo que desarrollamos con mayor dedicación los 2 hijos. Pero al mismo tiempo, con sus propios actos, dejó sembrado el camino de la rebeldía. 

Desenfocamos otros virtudes y fortalezas porque muchas de ellas eran un estorbo para seguir adelante. Así que no me sorprende encontrarme que mi mayor fortaleza es la Perseverancia y la Diligencia: habla, a través de mi, mi padre. Habla mi madre, que también creía en ese credo. Y también habla mi padre cuando en otros actos imprevistos, decidí que habían otras fortalezas y prioridades, y que una de ellas era transformarme para buscar caminos alternos a lo que me hacía feliz. 



Si no hubiese llegado a esa reflexión y las decisiones que siguieron, no estaría escribiendo esto. Mi padre rompió la tradición militar de nuestra familia, de más de un siglo. Pero no solo rompió ese esquema. Con sus actos, de resultados tristes algunos, también nos hizo ver que la vida tiene varios caminos alternos, pero todos tendemos a olvidar que la razón última es ser felices, amorosos, saludables y ... persistentes.



Para el Capitán Torres May



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