jueves, 10 de agosto de 2017

Fluir y sentirse involucrado.

En muchas ocasiones uno intuye lo que va a disfrutar, aunque nunca lo haya hecho, o haya hecho solo una parte incipiente.

Desde hace un tiempo he estado leyendo con mas interés y dedicación sobre arte y arquitectura precolombinos. En especial de  teotihuacanos y mayas y de como los primeros influenciaron fuertemente a los segundos.

Casi sin quererlo fui dandome cuenta de varios componentes decorativos con los que mayas y teotihuacanos, embellecían su vida cotidiana.


Y me fue quedando claro que la combinación de triángulos y círculos era esencial para teotihuacanos.
Sin buscarlo mucho, me fui involucrando en hacer un mueble que utilizará elementos decorativos de Tetitla, barrio de los nobles de Teotihuacán.

Tan absorbente y disfrutable fue la tarea que me propuse, que me costaba trabajo detenerme a comer. Y cuando lo hacía era para mejorar el diseño, sin agregarle mas elementos que los básicos que haría un artesano teotihuacano -según yo.

Esta sensación de no quererse despegar de una actividad que uno disfruta, le llaman Fluir.
Simplemente el tiempo parece detenerse y la atención y sensibilidad de uno se enfoca en hacer justo lo que uno está disfrutando en ese momento.

Este fluir que disfruté tanto, como en otras ocasiones, es el resultado de combinar varias de mis fortalezas y olvidarme de mis muchas debilidades.
Son momentos que no se presentan de gratis, sino que son el resultado de ir  aprendiendo, como si me internara en un bosque que apenas conozco.

Esto, para mí, es un departir radical de los tiempos en que mi interés y mi esfuerzo eran dirigidos por el tamaño de mis contratos o las instrucciones del jefe en turno.

Fluir con mis nuevos proyectos, es parte de aquello que valoro más ahora y contribuye enormemente a mi calidad de vida.






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